Pocos santuarianos se han metido en el alma tan profundamente como monseñor Francisco Luis Gómez Gómez. El último adiós que le dimos el pasado 4 de junio es una muestra evidente de este sentimiento generalizado.
Monseñor Francisco Luis encarnó la identidad del sacerdote comprometido con el ideal cristiano. Fue pastor y guía de varias generaciones. Sus enseñanzas espirituales las llevó a toda comunidad. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, la catequesis dominical, las cuarenta horas, el estímulo a grupos de oración y otras organizaciones de fieles piadosos encontraron en él a su líder natural.
Su proyección espiritual lo llevó a editar por muchos años la Hojita Parroquial, una publicación en la además del evangelio contenía información sobre la parroquia y las obras parroquiales.
Como Impulsador de la causa de beatificación de su tío el padre Jesús Antonio Gómez realizó una investigación juiciosa que le mereció ser nombrado en la Academia de Historia de Antioquia en calidad de miembro de número.
El liderazgo le valió para fundar instituciones comunitarias que hoy son ejemplo del rico tejido social de nuestra municipalidad. El Hogar Juvenil Campesino fue la “niña de sus ojos”. Sembró la semilla de la Sociedad de San Vicente de Paúl para darle vivienda y sostén a muchas familias pobres. La Casa del Sagrado Corazón la creó para darles almuerzo a más de 200 personas que carecen de alimento.
No es fácil recoger en este comentario todas las obras que fundó y apoyó. Pero vale la pena resaltar la Casa de la Cultura Luis Norberto Gómez Ramírez, el Centro de Historia, la Fundación Educativa monseñor Ignacio Botero Aristizábal y la Universidad Católica de Oriente.
Abanderado de la causa religiosa como corresponde a un líder espiritual le sumó acciones que tienen que ver con el mejoramiento de la calidad de vida de los santuarianos. Por esta razón su creatividad y talento para emprender organizaciones de beneficencia y de carácter cívico y cultural.
Fue notable su influencia para hacer que se asentaran entidades bancarias y otras empresas en la municipalidad. Mantuvo sintonía permanente, como el que más, con las angustias y esperanzas de los santuarianos.
Su amabilidad lo llevaba a estar pendiente de las personalidades que visitaban la población y de mantener contacto cercano con quienes necesitaban una ayuda espiritual o material.
Construyó y renovó el templo, la casa cural, el cementerio y otras obras de interés comunitario.
Santuariano por convicción. Nada lo ponía más alegre y orgulloso que hablar de su santuario del alma. Su tierra natal es hoy su morada eterna.
Los santuarianos le debemos gratitud por siempre a monseñor Francisco Luis Gómez Gómez. Su ejemplo de liderazgo lo debemos seguir, igual que sus lecciones de espiritualidad. Él entra a la galería de sacerdotes virtuosos y a la de personajes sobresalientes de El Santuario.
La sociedad lo acompañó solidaria y dolida hasta el cementerio en donde reposarán sus restos porque su espíritu y sus obras viven en el corazón y el cerebro de todos.
EL SANTUARIANO, que tuvo en monseñor Francisco Luis Gómez Gómez a uno de sus lectores más activos, expresa sus sentimientos de pesar y de solidaridad a los familiares, amistades y en general al pueblo santuariano.
¡Qué desde el cielo nos siga protegiendo!
EDITORIAL DE LA EDICIÓN 473.